Sociedad de
consumo es un
término utilizado en la economía y sociología, para designar al tipo de
sociedad que se corresponde con una etapa avanzada de desarrollo industrial
capitalista, y que se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios,
disponibles gracias a la producción masiva del mismo.
Desde el punto de vista de la sociología,
el consumo queda
definido como “el conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la
apropiación y los usos de los productos o servicios”. Productos o servicios que
pueden estar a disposición del consumidor en cualquier parte y que pueden ser
consumidos de distintas maneras. El simple hecho de la existencia de los
productos o servicios los transforma en potencialmente consumibles y da a todos
los consumidores el derecho legítimo de aspirar a tenerlos.
Es el dinero el que
permite el consumo, pero cada vez es necesario menos dinero, ya que la
producción en masa, así como las imitaciones, han hecho posible que personas
que no pertenecen a las élites puedan tener acceso a productos o
servicios similares.
El consumo implica
relaciones de posesión, de dominación, pero también de imitación, siendo el mimetismo cultural un móvil importante para el
consumo aun cuando el consumo es una elección consciente de cada persona y depende
de su cultura. Y aunque la
persona no pueda comprar los bienes, la sola ilusión de que puede llegar a
hacerlo, el simple consumo visual, proporciona placer y hacen que la persona se
sienta partícipe de este mundo.
La sociedad de
consumo es un estadio del proceso de industrialización que
acorta la vida de los productos, convirtiéndolos en obsoletos; el consecuente
desarrollo de la tecnología los sustituye por otros más avanzados
o con más y mejores prestaciones.
En este sentido, el
modo de vida postindustrial y la adquisición progresiva de bienes de consumo,
que otorgan lo que se denomina “confort“, conduce a que los objetos aceleran su
ciclo de vida a medida que avanza el siglo. Lo que antes era sinónimo de
prestigio, el paradigma de tener objetos que duran toda la vida, dio paso a un
sistema donde los objetos son casi desechables.
Esta transición donde
los objetos se hacen cicladores rápidos cuyo valor es el prestigio inmediato
está sustentada en la creación de necesidades, que sostiene el actual nivel de
producción de bienes.
Para Jean
Baudrillard bajo la
dimensión económica del consumo subyacen factores intrínsecos del individuo
combinados con imperativos sociales, por lo que el académico francés plantea
que este es un fenómeno que depende cada vez más del deseo que de la necesidad.
El autor inglés Robert Bocock recalca que el consumo es una práctica
social que surge con la sociedad moderna y cuya función principal es
proporcionar al individuo formas de distinguirse de otros grupos de distinto
nivel social.
Este planteamiento
implica la existencia de una jerarquía social, de unos códigos no verbales y
materiales que expresan la posición de un individuo en esta escala y remarca la
constante tensión por la promoción social. Así mismo es destacable el nivel de
subyacente que implica que el acto de comprar tiene una función identitaria y
que se basa en las operaciones de diferenciación del resto.
Esta nueva situación
es denominada por George Katona la sociedad de consumo de masas y
tiene como principales características la afluencia, el poder del consumidor y
la psicología del individuo que compra.
Este estudioso del
fenómeno recalca la importancia del consumidor en la economía y destaca que es
este sistema las necesidades no son creadas artificialmente de una forma
aleatoria sino que son producto de un comportamiento aprendido y que esto es un
proceso de intercomunicación entre un sujeto y un estímulo. Katona habla de que
distinguir necesidades básicas de necesidades supuestamente creadas
artificialmente no tiene sentido puesto que en nuestra cultura la socialización
se produce en un contexto que condiciona las elecciones de consumo posteriores.
Así su planteamiento se puede resumir que todas las necesidades, que
trascienden a los imperativos biológicos, son sociales en su naturaleza.
Bocock denomina a
esta situación el capitalismo de consumo y apunta que se trata de un fenómeno
que determina al sistema económico mediante valores culturales. Según este
sociólogo inglés esta realidad es una ideología activa que otorga sentido a la
vida del individuo a través de la adquisición de productos y experiencias
organizadas.
Este catedrático de
la Open University afirma que esta ideología legitima el
sistema vigente y el orden social, y organiza la vida de los consumidores.
Además el consumo articula un sistema orientado a que el individuo trabaje para
que pueda comprar, y también sobre todo para que pueda satisfacer las
constantes fantasías impuestas socialmente, que impulsan a adquirir
continuamente bienes y experiencias prefabricadas y codificadas.
El análisis de los factores de producción desde un punto de vista contable, con
una Matriz de contabilidad social, completa
más el estudio de la sociedad de consumo.